CRISIS CIVILIZATORIA EN OCCIDENTE. Parte I (MIV 01/09/2026)
Escrito por Manuel Jesús Iglesias
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Así empezó todo. La mutación del Liberalismo
El artículo trata de indagar en los planteamientos socioeconómicos que constituyen el sustrato que alimenta al liberalismo y al capitalismo como base para la deconstrucción de la civilización occidental.
Antes de hablar de las posibles razones que puede haber detrás de estos dos planteamientos socioeconómicos hay que aclarar sus conceptos y evolución para poder entender sus efectos sobre la sociedad occidental.
En principio, los dos conceptos podrían concebirse como intrínsecamente neutros: El liberalismo es la filosofía política y jurídica centrada en la libertad individual y la limitación del poder del Estado, mientras que el capitalismo es el sistema económico basado en la propiedad privada y el libre mercado. Aunque suelen ir de la mano en las democracias occidentales, el primero responde a cómo se organiza la sociedad y sus leyes, y el segundo a cómo se produce y distribuye la riqueza.

Mutación evolutiva del Liberalismo
El concepto de “Liberalismo Clásico” como filosofía político social sostiene que el individuo es soberano y que la sociedad debe estructurarse para proteger sus derechos inalienables frente a cualquier absolutismo. Lo que se sustenta en torno a cuatro principios fundamentales:
- Derechos individuales fundamentales: Libertad de expresión, de culto, de asociación y de pensamiento.
- Estado de derecho (Rule of Law): Todos los ciudadanos, incluidos los gobernantes, están sometidos a la misma ley.
- División de poderes: Separación estricta entre los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial para evitar la tiranía.
- Limitación del poder estatal: El Estado existe únicamente para arbitrar y proteger los derechos individuales (seguridad, justicia, propiedad), no para imponer un modo de vida ni dirigir la moral ciudadana
Por entender someramente las coordenadas en que se desenvuelve cada uno en tres variables (Ámbito, Eje Central y Enemigo), se podría decir que el “liberalismo clásico” responde a un ámbito, “Político, filosófico y jurídico”; un Eje Central, “La libertad del ciudadano”; Enemigo “El absolutismo y el autoritarismo estatal”, mientras que el capitalismo responde a un ámbito, “Económico y productivo”; un Eje Central, “La propiedad privada y el mercado” ; Enemigo “La planificación centralizada y la expropiación”.

El problema reside en que el concepto de “liberalismo” ha mutado y ya no responde a los principios básicos expuestos. El paso de una doctrina compatibilizadora del orden cívico a una fuerza distáxica (que disuelve la eutaxia o el buen orden del cuerpo político) no se produjo de golpe, sino a través de cinco estadios evolutivos bien definidos:
Clásico (Siglos XVII – XIX) → Social (Principios del Siglo XX) → Progresista o “Derechohumanista” (Segunda mitad del Siglo XX) →Multicultural (Finales del Siglo XX – Principios del XXI) →Posnacional y Tecnoglobalista (Siglo XXI – Fase Distáxica)
El punto de inflexión se produce en la mutación del liberalismo Social al denominado Progresista, que presupone el autodeterminismo individual absoluto. Las etapas posteriores (Multiculturalismo y Posnacionalismo) no sustituyen al Liberalismo Progresista, sino que son sus derivadas lógicas y expansivas. El proceso no ha sido una sustitución lineal sino una acumulación por fases:
- Punto de inflexión (Años 60-70): Nace el Liberalismo Progresista. El foco pasa de la libertad cívica y republicana (sometida a la ley nacional y la responsabilidad comunitaria) al autodeterminismo individual absoluto y la emancipación moral (“Mayo del 68”, Rawls, la deconstrucción de la autoridad).
- Segunda fase (Años 90): Surge el Liberalismo Multicultural. El principio de autodeterminación individual se traslada a la autodeterminación de la identidad del grupo o minoría dentro del Estado (Kymlicka, Taylor).
- Tercera fase (Siglo XXI): Se consolida el Liberalismo Posnacional y Tecnoglobalista. El autodeterminismo individual (ahora enfocado en la identidad de género, la fluidez biológica y el hiperconsumo) se alía con las estructuras jurídicas supranacionales y el capitalismo tecnológico para desmantelar la soberanía de la nación.

La “columna vertebral” ideológica es siempre la misma: el proyecto progresista de disolución de los vínculos dados o no elegidos. Tres son los pilares sobre los que se asienta esta deconstrucción civilizatoria:
- Los “Derechos Humanos” pasaron de ser un límite contra la tiranía estatal a una fuente inagotable de nuevas pretensiones individuales que la ley nacional debe acatar obligatoriamente.
- Pérdida del concepto de “Nación” como un cuerpo orgánico con continuidad histórica; la nación pasa a verse como una mera suma de individuos con intereses divergentes.
- La diplomacia y las organizaciones internacionales ejercen presión sobre las leyes nacionales para imponer normativas de derechos de minorías por encima de la soberanía popular o el bien común local.
Lo que comenzó en los años 60 como una demanda de libertad individual frente a las costumbres morales locales (Liberalismo Progresista) necesitó, para no ser sofocado por la mayoría cívica, desarmar la hegemonía cultural nacional (Liberalismo Multicultural en los 90) y, finalmente, desmantelar la capacidad legislativa del Estado soberano a favor de entidades supranacionales y corporativas (Liberalismo Posnacional actual).
Se puede afirmar, por lo tanto, que el Multiculturalismo y el Posnacionalismo son proyecciones directas y aglutinadoras de la premisa central del Liberalismo Progresista: la maximización de la autonomía del deseo individual frente a cualquier límite previo (sea este la tradición, la cultura nacional, la religión o la propia biología o las instituciones históricas de la nación).
El liberalismo comenzó defendiendo que la ley de la nación libera al ciudadano de la arbitrariedad del tirano. En su estadio final posnacional y multicultural, la premisa se ha invertido: el deseo del individuo debe liberar al sujeto de la ley y la cultura de la nación.
Cuando el deseo o la identidad individual se elevan al rango de derecho absoluto, la ley deja de ser un instrumento de equilibrio general y se convierte en un catálogo de demandas particulares. Al despojar al Estado de su sustrato nacional primigenio, el sistema ya no puede generar lealtad cívica espontánea, viéndose abocado a gestionar la inevitable fricción mediante un intervencionismo legal y represivo cada vez mayor.

Para mantener la cohesión en una sociedad donde las leyes tradicionales se ven erosionadas por la proliferación de nuevos “derechos individuales”, el Estado ha tenido que mutar:
- Erosión del bien común y la eutaxia: Históricamente, las naciones canónicas basaban su ley en la preservación de la comunidad (la supervivencia y estabilidad del grupo político en el tiempo). Al fragmentarse ese marco común, la noción de “bien común” se disuelve en favor del “bien individual de cada grupo”.
- Los “Derechos Humanos” se absolutizaron por encima de la soberanía popular. La legitimidad de la ley dejó de ser el bien común de la nación y pasó a ser el cumplimiento de estándares morales universales e individuales.
- Al prohibir que el Estado favorezca la cultura o historia de la nación histórica (para no “discriminar” al recién llegado), la asimilación cívica se rompe. La sociedad se fragmenta en tribus urbanas o colectivos identitarios que exigen leyes a medida.
- La nación (la comunidad política previa con historia, lengua y cultura compartida) es vista como un obstáculo anacrónico, “chauvinista” o excluyente. Las leyes nacionales son sustituidas por tratados supranacionales, el control de fronteras es desmantelado en favor del migratorismo global y el Estado se transforma en un aparato policial-administrativo cuya única función es vigilar la convivencia entre colectivos heterogéneos y sancionar la disidencia cívica.
- El Estado como tutor de colectivos: Para gestionar la fricción entre demandas identitarias o de minorías y el marco legal tradicional, el Estado asume un rol hyper-regulador. La ley se hipertrofia: en lugar de un código civil o penal universal y abstracto, se crean leyes de excepción y marcos normativos específicos para proteger a colectivos particulares (p.e Ley de violencia de género)
- Mecanismos de control social: Paradójicamente, la maximización de las libertades subjetivas requiere un aparato estatal más represivo, sancionador y policíaco para vigilar el lenguaje, las conductas y la moral pública, persiguiendo a quien cuestione el nuevo consenso normativo.
La evolución desde el liberalismo clásico hacia el hiperindividualismo actual y la crisis de la eutaxia (el buen orden político) no es un accidente, sino el resultado de procesos históricos y filosóficos profundos. Entre los factores decisivos que fracturaron el sentido clásico de la comunidad destaca, la aportación de la Escuela de Frankfurt.
Los pensadores de esta corriente (como Max Horkheimer, Theodor Adorno, Herbert Marcuse y Jürgen Habermas; todos judíos) operaron una transformación radical sobre el pensamiento occidental al fundir la crítica marxista de la economía con el psicoanálisis de Freud (también de etnia judía) y la crítica cultural.
Momentos históricos clave en la deriva
- La crisis de entreguerras y el fracaso de la razón ilustrada: El estallido de la Primera Guerra Mundial, el colapso de la República de Weimar y el auge del totalitarismo convencieron a los intelectuales de que la “razón instrumental” y el Estado-nación tradicional no solo podían corromperse, sino que conducían inexorablemente a la barbarie (Auschwitz).
- La desconfianza hacia la autoridad y la tradición: Tras 1945, cualquier elemento de cohesión comunitaria, jerarquía social, moral tradicional o patriotismo nacional comenzó a ser visto por las élites intelectuales no como garantía de orden (eutaxia), sino como el germen latente del fascismo y la opresión.
- El giro de Mayo del 68 y la “Nueva Izquierda”: La revuelta del 68 consolidó la ruptura definitiva entre la emancipación política y el orden institucional. La libertad dejó de entenderse como la participación en la ley del Estado para pasar a ser la liberación de los impulsos individuales frente a cualquier represión social, institucional o biológica.

Los franckfurtianos redefinieron el concepto de opresión. Para ellos, el enemigo ya no era solo la explotación económica burguesa (el capitalismo clásico), sino la cultura occidental tradicional, la familia nuclear, la religión y el Estado nacional, a los que acusaban de fabricar una “conciencia reclusa” o un “hombre unidimensional”.
- Deconstrucción de las instituciones de cohesión: Al disolver la autoridad de la familia, las jerarquías naturales y las normas morales objetivas bajo el argumento de que eran estructuras de dominación, se vació de contenido el sustrato cívico que mantenía unida a la nación.
- La teoría crítica como herramienta corrosiva: La Escuela introdujo la idea de que la verdad no es objetiva ni busca el bien común de la comunidad política, sino que cualquier norma tradicional es una imposición de poder que debe ser deconstruída. Esto abrió la puerta a legitimar cualquier demanda minoritaria o identitaria como acto de “resistencia” contra el sistema.
- El desplazamiento del sujeto revolucionario: Al comprobar que la clase obrera tradicional no hizo la revolución esperada, los pensadores posteriores de la órbita crítica (como Marcuse o los teóricos del giro posmoderno) buscaron nuevos sujetos revolucionarios en minorías, colectivos marginales y disidencias identitarias, desplazando el eje político de la soberanía nacional a la reivindicación particular.
La penetración de esta doctrina no se realizó mediante revoluciones armadas ni toma de parlamentos, sino a través de una estrategia de hegemonía cultural:
- La “Marcha a través de las instituciones”: Concepto teorizado por Rudi Dutschke (estudiante influido por la Escuela) y Antonio Gramsci. Consistía en ocupar de forma pausada pero sistemática los centros de producción de sentido: universidades, escuelas de magisterio, medios de comunicación, judicatura y editoriales.
- Cooptación de la retórica liberal: La teoría crítica adoptó el lenguaje del liberalismo clásico (libertad, tolerancia, derechos individuales) pero vaciándolo de su sentido original. La “libertad” pasó de ser la capacidad de autogobierno ciudadano bajo la ley a la exigencia de emancipación de cualquier restricción biológica, cultural o social, incluyendo a las instituciones históricas consideradas pilares de la nación.
- Institucionalización a través de la financiación y la burocracia (Legitimidad y expansión del poder supranacional): Con el paso de las décadas, las tesis deconstruccionistas pasaron de los campus universitarios a las grandes corporaciones (BlackRock, Vanguard o State Street), plataformas(Google, Meta o TickTok) y fundaciones (Ford, Open Society, Rockefeller, Gates) – dirigidos por élites de etnia mayoritariamente judía que cabildean en universidades, ONGs y agencias internacionales (ONU, UE, OMS…) condicionando su ayuda económica (compra o extorsión) al acatamiento de este marco ideológico.
La falta de legitimidad de las agencias internacionales exigía una narrativa moral indiscutible para justificar la expansión de su autoridad sobre los Estados soberanos. Al erigirse como protectoras universales de “derechos de minorías”, “equidad de género” o “diversidad”, obtienen un cheque en blanco para auditar la legislación interna de los países. El marco deconstructivista ofrece el pretexto idóneo para ejercer la coacción económica. La ideología funciona como el peaje moral para acceder al sistema financiero internacional.
Incidencia geopolítica

EEUU (Epicentro teórico y práctico): Absorbió a la Escuela de Frankfurt en Columbia y Berkeley. Transformó la Teoría Crítica en las políticas de identidades (Wokisme), extendiéndolas al resto del mundo mediante la industria del entretenimiento, el poder académico y fundamentalmente el poder financiero
Europa Occidental (Epicentro Institucional): Se consolidó como la ideología oficial de la Unión Europea (fundamentalmente Alemania, Francia, Reino Unido, los países nórdicos y España, desplazando la soberanía de las naciones canónicas por marcos de gobernanza posnacional enfocados en derechos de colectivos.
Canadá, Australia y Nueva Zelanda (Implementación Radical): Integraron estas premisas de forma prioritaria en sus códigos legales y educativos, primando las cuotas y los derechos identitarios sobre el orden constitucional tradicional.
Bloque Oriental / Asia (China, Rusia, etc.)( Inmunidad / Rechazo): Los países de Europa del Este y las potencias asiáticas han rechazado categóricamente este marco, identificándolo como una patología autodestructiva de la civilización occidental y manteniendo la prioridad del Estado nacional y la cohesión social.
Consecuencia civilizatoria
Al institucionalizar esta crítica permanente a través de la subordinación de intelectuales, los medios de comunicación y las instituciones internacionales, el Estado dejó de ser el garante de la continuidad histórica de la nación (su eutaxia) para convertirse en el gestor de la desintegración normativa. La civilización que concibió el derecho como límite para la libertad ordenada terminó adoptando una filosofía que disuelve el vínculo social en nombre de una emancipación indefinida.

Fin del primer capítulo, no te pierdas el segundo capítulo

Creo que éste primer capítulo ya identifica la raíz de los males que padecemos. Algo contra natura que nos terminará pasando factura.