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ISAAC PERAL, UN HOMBRE EXCEPCIONAL EN UNA ESPAÑA DECADENTE (Parte III) (MIV 06/07/2025)

Escrito por Manuel Jesús iglesias

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Zaharoff interviene para retrasar, repetir y reconfigurar el programa de pruebas con el objetivo de desbaratar el proyecto de dotación a la Marina de torpederos submarinos.

Pruebas del submarino en julio de 1889

La primera parte de las pruebas comienza el 26 de julio de 1889 y trascurre hasta finales de año. Todas ellas se superan sin mayores inconvenientes. Algunas se repiten a instancias del capitán general Florencio Montojo. Se realiza la navegación en mar abierto, el disparo de torpedos y la inmersión en los aledaños de El Puerto de Santa María. Para entonces, Víctor Concas (exsecretario de la Comisión de Marina en Londres) ya era secretario y mano derecha de Montojo, lo que sin duda contribuyó a ocasionarle problemas al inventor, algunos, derivados de su viaje a la Exposición de París, como el permiso verbal concedido por Montojo y cuya falta de tramitación supuso la apertura de una infracción grave que contribuyó al descrédito del inventor y a su arresto injustificado durante dos largos meses en los que se vio reducido en un inhóspito, sucio y destartalado pabellón. Ello, sin duda, beneficiaba los planes de los opositores al proyecto, que hicieron uso tendencioso del asunto para dañar la imagen y la reputación del inventor frente a la opinión pública, el resto de los militares y sus propios compañeros del cuerpo. La campaña de desprestigio con injurias y falsedades seguía adelante para que, llegado el momento, nadie se sorprendiera con la decisión que se iba a adoptar sobre el futuro del proyecto.

ISAAC PERAL, UN HOMBRE EXCEPCIONAL EN UNA ESPAÑA DECADENTE

El inventor confeccionó de forma reservada una detallada memoria de las pruebas realizadas en 1889 que incorporaba indicaciones de los elementos fundamentales del submarino. A la postre, dicha memoria fue de modo sorprendente, inaudito e irregular publicada por el Ministerio de Marina en la Gaceta de Madrid, una vez el proyecto hubo sido inconcebiblemente desestimado. ¿Qué propósito impulsaba al ministro a tomar una decisión tan polémica, insólita e injustificable, por no decir aviesamente prevaricadora, violando los derechos de autor del propio inventor? ¿Por qué se tomaba una decisión que perjudicaba los intereses nacionales en beneficio de otras naciones, alguna de ellas, como los Estados Unidos, hostil de forma notoria y amenazadora de la integridad territorial de España?

Sospechas de conspiracion

La sospecha de la existencia de una conspiración para hacer fracasar el proyecto mueve a la reina regente María Cristina a nombrar a Antonio Artero Ureta miembro de la tripulación e interlocutor directo de los acontecimientos relativos al programa de pruebas a realizar con el prototipo. Esta situación obviamente dificultaba la injerencia de agentes externos en el proyecto, por lo que la eliminación del representante de la Corona se tornaba una necesidad. Los detalles de cómo se desarrollaron los hechos no son conocidos, pero hay ciertos indicios que prueban que su fallecimiento fue, cuando menos, bastante irregular. En este sentido, resalta sobremanera la falta de eco que tuvo en los ámbitos y revistas militares, donde, o no se publicó nada, o se hicieron públicos obituarios con errores significativos en la fecha de su defunción, algo, en cierto modo, similar a lo acontecido con Prim, asesinado por una organización con intereses contrarios a los de España.

Una vez conseguida la desaparición de Antonio Artero Ureta, a consecuencia de una angina de pecho, según información oficial ―pese a ser un hombre vital cuyo historial médico no refleja dolencia alguna―, el capitán general Montojo y la Junta presidida por él se afanan en promover y aprobar, motu proprio, modificaciones del programa que afectaba al resto de las pruebas previstas, en contra de lo aprobado por el Gobierno en real orden. Con ello, el jefe del Departamento se tomaba atribuciones fuera de su competencia y violaba, así, una real orden que le obligaba de forma explícita. Esto permitió la eliminación de la prueba estrella, el «viaje sumergido de Cádiz a Ceuta», que habría dejado sin argumentos a los opositores al proyecto del submarino.

ISAAC PERAL, UN HOMBRE EXCEPCIONAL EN UNA ESPAÑA DECADENTE

Con la nueva propuesta se obligaba al inventor y al submarino, no solo a repetir pruebas ya realizadas con éxito, sino también a llevar a cabo acciones impropias de un prototipo que ponían en riesgo su vida útil antes de concluir el programa inicialmente previsto. Ello contribuía a introducir retrasos adicionales que conculcaban, o, al menos, ponían en tela de juicio, la viabilidad del proyecto, dado el deterioro de salud que de manera progresiva iba experimentando el inventor a causa del basalioma (cáncer de piel) que padecía.

Además de mostrar una actitud quisquillosa e injustificable, que redundaba en burocracia inútil al objeto perseguido, Montojo evita tomar las medidas de seguridad convenidas a fin de restringir el acceso a la zona de pruebas del submarino. Con la aparición de todo tipo de buques, incluso escuadras extranjeras, se facilitaba el espionaje y se arriesgaba la integridad del submarino y la vida de sus tripulantes, al tiempo que se interfería de manera gratuita el desarrollo de las pruebas reservadas o secretas. Nada tenía que ver con las estrictas medidas de seguridad que impuso el jefe del Departamento de Tolón en los ensayos del Gymnote.

Trabas y más trabas para no dar luz verde

A pesar de haber cumplido en exceso con los ensayos relativos a maniobras de ataque y disparo de torpedos, Montojo escribe al ministro en términos tales que hacen pensar en un incumplimiento por parte de Isaac Peral y proyecta una imagen arrogante e intransigente del inventor. Esta fue la actitud de Montojo con Peral desde que Víctor Concas se incorporó al puesto de ayudante del capitán general. Con la sustitución del ministro Rafael Rodríguez Arias por Juan Romero Moreno, se facilita carta blanca a Montojo para modificar el desarrollo de la segunda parte del programa de pruebas, incluso para nombrar una nueva Junta Técnica con la que someter al inventor a un nuevo calvario de exposiciones, motivaciones y discusiones reiterativas para obligar a la repetición de pruebas, fruto del capricho personal del capitán general.

Con el nombramiento de la nueva Junta se debilitaba su capacidad técnica al quedar en minoría los miembros que disponían de una capacidad científica adecuada para juzgar las características de un buque innovador que utilizaba la energía eléctrica, nada común en la época, como fuente propulsora. La salida de Bustamante, inventor del torpedo eléctrico, de la Junta poco antes de finalizar las últimas pruebas y su sustitución por Chacón, conocido por su hostilidad al submarino, solo podía ser perjudicial en la valoración del proyecto.

Con todos los cambios propuestos en el desarrollo del programa, Montojo consigue, no solo alargar la fase de pruebas inicialmente prevista, induciendo retrasos injustificados en la terminación del programa, sino también arriesgar de forma innecesaria la vida útil de los acumuladores y dañar el aislamiento de los motores, lo que condenó al prototipo a convertirse en poco más que un residuo industrial o una pieza de museo. Estaba claro de que la ampliación del programa, en caso de que el inventor lo aceptase, tenía por objeto lograr el fracaso de las pruebas y, en caso de que se opusiera al mismo, presentar al inventor como persona intransigente y proclive a la insubordinación.

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Todas las objeciones y aclaraciones técnicas que hizo el inventor a las nuevas pruebas propuestas por la Junta tenían como objeto evitar la destrucción inútil de los acumuladores y alargar, de esta manera, la vida útil del prototipo. Algunas de ellas no hacían sino evidenciar la falta de formación técnica de la nueva Junta, que se mostraba incapaz de utilizar la información presentada en la memoria para evaluar la trascendencia perniciosa de alguna de las propuestas. Se les denomina expertos, cuando en realidad no son sino mamporreros al servicio de intereses ocultos contrarios a los de España.

En relación con la prueba de simulacro de ataque planteada por la Junta, además de hacer referencia a los condicionantes que marcan el éxito o el fracaso de la misma, Peral realiza una valoración impecable de la idoneidad de la misma al apuntar que, más que prueba de las capacidades del submarino prototipo, resulta un ejercicio o maniobra sujeta a la pericia, formación y entrenamiento del personal especializado y, por lo tanto, aunque potencialmente interesante, estaba fuera de lugar en el programa. Con ella se ponía en peligro, por si fuera poco, la seguridad del submarino y la de sus tripulantes por el riesgo de abordaje del submarino en una zona de intenso tráfico como era el puerto de Cádiz.

Resulta evidente la tendenciosidad de Montojo en el rechazo de cuantas propuestas había hecho el inventor. Incluso llegó a abogar por la suspensión del programa hasta que el prototipo no hubiera sido reparado y puesto a punto para afrontar las pruebas propuestas. Sabía que ello supondría la cancelación del proyecto, no solo por el tiempo para culminar su desarrollo, sino también por la desviación de coste que ello conllevaría. Sorprende en cierto modo que, siendo el presidente de la Junta quien debiera mostrar más ecuanimidad para que el proyecto saliera adelante, fuera el adalid de los que deseaban su retraso y cancelación. Se entiende, sin embargo, habida cuenta de que detrás de Montojo estaba Víctor Concas y, entre bambalinas, Zaharoff.

Montojo informa sesgada y torticeramente al nuevo y efímero ministro, Juan Romero Moreno, para conseguir que, en fraude de ley, sea el propio ministro quien apruebe el nuevo plan de pruebas, en contra de la Real Orden de 19 de diciembre de 1888, ratificada por el jefe del Estado. Con ello se anulaba la prueba de tiro sobre blanco fijo, que habría contribuido a sustentar la opinión pública favorable al mantenimiento del proyecto. Aunque la mayoría de los medios de prensa, tanto locales como nacionales, protestaron por el fraude de ley, no consiguieron revertir la situación.

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Florencio Montojo y Trillo

A pesar de la diligencia del inventor en contestar los comunicados de la Junta, habían pasado cuatro largos meses desde la última salida al mar del submarino cuando el 20 de mayo de 1890 se autoriza el último bloque de pruebas. Poco antes se había producido la sustitución de Joaquín Bustamante, honesto marino y reputado inventor, profesor y con elevada formación técnico-científica, por Francisco Chacón y Pery, declarado opositor del proyecto y muy alejado del nivel técnico-científico de Bustamante y otros miembros de la Junta. Estas maniobras no eran fruto del azar. El cerco contra el inventor se iba estrechando y Chacón desempañaría un papel relevante en este sentido. Da la impresión de que los continuos e injustificados retrasos tenían relación con el mencionado cambio de vocales que reforzaba al sector hostil al proyecto.

Tras completar un gran número de pruebas, aun con condiciones del mar mucho más adversas de lo que en un principio se había previsto para un prototipo, la celebrada el 7 de junio representaría el broche de oro a la conformación de la capacidad de navegación submarina. Y ello, a pesar de un nuevo intento de sabotaje que se descubrió al encontrarse mal atornillada una válvula atmosférica que frustra inicialmente la maniobra de inmersión. Fue una jornada histórica para la Armada y para España. La noticia puso en estado de alerta al Gobierno estadounidense y al grupo de empresas británicas que monopolizaba el mercado armamentístico, que entendió que debía intensificar sus labores de zapa para conseguir la desarticulación del proyecto. Por desgracia para la Armada y para España, el poderoso complot contaba, en su campaña de descrédito del submarino, con la prensa que dependía directamente de los políticos afines al sistema: La Época, El Correo y El Globo, que representaban las voluntades de Cánovas, Sagasta y Castelar, al servicio de un sistema liberal contrario a los intereses de España.

El 21 de junio tuvieron lugar los simulacros de ataque tanto diurnos como nocturnos. Si desde un punto de vista puramente militar el simulacro diurno fue exitoso, a pesar de que la Junta lo presentó como fallido, al desestimar las condiciones en que se desarrollaron los acontecimientos por poco realistas, el éxito incontrovertible de la prueba nocturna, sin embargo, no dejó lugar a dudas de la eficacia de la nueva arma. La Junta explotó al máximo el descrédito del invento como arma de guerra por el hecho de que el submarino no hubiera completado la maniobra de ataque diurno, en las condiciones de inmersión que pretendía el comandante, pero se negó a permitir la repetición de la maniobra, como deseaba el inventor, tras solventar el problema que lo había dificultado.

Con este último ejercicio y con las pruebas que le precedieron, se había consumado la mayor hazaña en el campo de las innovaciones de carácter técnico-militar de la historia de la milicia española. Se había conseguido un éxito incontrovertible y la certeza de que el submarino podía funcionar como arma de primera magnitud en el combate naval y, por ello, en la defensa de las costas e integridad territorial de España. Peral fue saludado y recibido en cualquier rincón de España que visitara como un hombre extraordinario, el hombre que nos redimía de los complejos colectivos causados por un desventurado siglo de decadencia brutal, el hombre ante el que se inclinaban respetuosamente las eminencias extranjeras y del que se podían sentir orgullosos sus compatriotas. Fuente: Javier Sanmateo Isaac-Peral, El submarino Peral. De la gloria a la traición, 2.ª edición, Mandala Ediciones, Madrid, 2019 .

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