MARRUECOS EN LA PARTIDA DE LA GEOESTRATEGIA. Parte II (MIV 13/08/2026)
Escrito por Manuel jesús Iglesias
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Siendo conscientes del peligro de que, una vez independizado el Sáhara español, los propios ciudadanos tomasen la decisión de unirse a España, con el consiguiente beneficio para poder llevar a término el proyecto Islero, o de que cayese en poder del Frente Polisario, simpatizante de Argelia, los EEUU decidieron unilateralmente retorcer la Resolución de la ONU promoviendo su entrega a Marruecos, aplicando un plan largamente estudiado, al que se ha dado en llamar Marcha Verde. Se habla de que pudo ser concebido y desarrollado en el instituto sociológico Tavistok y que contemplaba la invasión de 350.000 personas presuntamente desarmadas para forzar la no intervención del ejército español pero que asumía el sacrificio de, entre 25.000 y 50.000, vidas humanas de haber defendido España la soberanía del territorio.

Resulta obvio que la maniobra no era en beneficio del pueblo saharaui pero los EEUU estaban dispuestos a llevarlo a cabo a cualquier precio. El Sáhara español, bajo la égida de Marruecos, cumple todos los planes geoestratégicos estadounidenses: explotación de los recursos naturales y control del estrecho, además de asegurar el debilitamiento geoestratégico de España. Con ello, se entiende fácilmente que los EEUU hayan boicoteado sistemática pero sibilinamente el proceso de autodeterminación del Sáhara y su predilección de que el territorio llegase a formar parte del Gran Marruecos.
El Sahara y el rey Juan Carlos I
La connivencia del rey Juan Carlos I y de la alta cúpula militar española resultó esencial para que el plan de invasión y la posterior cesión de la soberanía del Sáhara español resultasen exitosos. Esto obligaba al rey a engañar a los saharauis, al resto de los españoles y a los mandos del ejército español con arengas mendaces, mientras ya se había pactado la alta traición que suponía su entrega a Marruecos con alevosía y premeditación. Faltaba convencer, engañar o comprar a los mandos militares y demás chusma política, geoestratégicamente miope, con futuras e inmejorables prebendas o amenazas difíciles de soportar. Una ignominia, que sólo podría venir del anglo-sionismo, de la perversidad moral de un monarca depravado y masón y de militares faltos de fuste, degenerados o sencillamente atemorizados por el incierto devenir político de España.

A pesar de que la lógica racional avala la concepción del plan en alguno de los institutos sociológicos de la angloesfera, se maneja la idea de que el diseño operativo de la Marcha Verde tienen paternidad intelectual y política marroquí, orquestada al más alto nivel dentro del Palacio Real (Majzén):
- Que se concibió el plan en secreto azuzado por la disposición del Tribunal Internacional de Justicia de La Haya (octubre de 1975).
Se necesitaba una maniobra urgente que obligara a España a ceder el territorio sin llegar a una guerra abierta de ejércitos regulares que Marruecos no podía permitirse ni política ni militarmente.
- Se combinó la movilización nacionalista con un poderoso componente islámico (uso del Corán, pañuelos verdes representativos del Islam).
El diseño consistía en usar a la población civil como “escudo humano “: si el ejército español disparaba contra civiles desarmados, el régimen español sufriría la condena internacional; si por el contrario, no disparaba, dejando pasar a la muchedumbre, se perdería la soberanía, (lo que en modo alguno se puede considerar una condición suficiente o conclusión directa de los acontecimientos)
Ya fuera realmente el Instituto Tavistock u otro cualquiera, especializado en técnicas sociológicas, el que hubiera estado involucrado en el diseño del plan, a estas alturas resulta poco relevante. Lo esencial es que la Marcha Verde sí contó con la colaboración directa de servicios de inteligencia y estrategia militar extranjeros, principalmente de Estados Unidos y Francia y podría afirmarse también, de Inglaterra e Israel:
- La CIA y el Departamento de Estado de EEUU. conocían la operación. En el verano de 1975, los contactos entre la CIA, Henry Kissinger y el Palacio Real de Rabat ya abarcaban el escenario de una irrupción masiva de civiles si el frente diplomático fallaba. Kissinger presionó diplomáticamente a España para que no resistiera militarmente.
- La planificación técnica y el estudio de viabilidad de mover a 350.000 personas por el desierto (logística de agua, alimentos, combustible, tiendas de campaña y transporte) corrió a cargo del Ejército Marroquí, con la asistencia logística militar prestada por EEUU. y Francia. El Estado Mayor marroquí, encabezado por el rey y el general Amedjad, diseñó el plan logístico bajo el más estricto secreto operativo
- El aparato del Estado marroquí canalizó el reclutamiento asignando cuotas obligatorias de “voluntarios” por cada provincia del país.

A finales de 1974, la diplomacia marroquí, avalada por EEUU había logrado que la Asamblea General de la OA finales de 1974, la diplomacia marroquí, avalada por EEUU, había logrado que la Asamblea General de la ONU derivara el litigio del Sáhara al Tribunal Internacional de Justicia de La Haya para que emitiera una opinión consultiva sobre dos preguntas concretas:
- ¿Era el Sáhara Occidental un territorio sin dueño (terra nullius) antes de la colonización española?
- ¿Qué vínculos jurídicos existían entre dicho territorio y el Reino de Marruecos / el conjunto mauritano?
Hassan II paralizó cualquier acción unilateral mientras el Tribunal deliberaba, ejerciendo cuanta presión pudo a través de sus valedores, EEUU, Francia e Israel, esperando un fallo favorable que le diera legitimidad internacional para anexionarse el territorio formalmente.
El 16 de octubre de 1975 una fecha clave
El 16 de octubre de 1975, el Tribunal Internacional de Justicia dictaminó una resolución compleja y ambigua:
- Reconoció que existían vínculos históricos de fidelidad (bayaa) entre algunas tribus saharauis y el Sultán de Marruecos, al igual que las había con otros sultanes.
- Pero concluyó categóricamente que esos vínculos NO implicaban soberanía territorial, por lo que reafirmó que debía aplicarse la Resolución 1514 de la ONU: el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui mediante referéndum.
Aquí se produjo la jugada maestra de propaganda de Hassan II: Sabiendo que el plan logístico de la marcha ya estaba 100% listo para ejecutarse, esa misma noche apareció en televisión, obvió la parte del dictamen sobre la autodeterminación y leyó selectivamente solo el pasaje que hablaba de los “vínculos de fidelidad”.
“El mundo ha reconocido que el Sáhara ha sido nuestro. Solo nos queda tomar posesión de nuestra tierra”, declaró el monarca, dándole la orden de salida a un dispositivo logístico que llevaba semanas esperando la señal.
Con ello dio comienzo la Marcha Verde, o invasión de civiles del Sáhara español con una mayoría de civiles entre los que, como ya se ha indicado, estaban muchos miembros del ejército marroquí bien camuflados a la espera de cualquier contingencia. Semanas antes, aunque no se ha querido dar publicidad a los hechos, el ejército marroquí hostigó numerosas plazas españolas en las que distintas banderas de la Legión tuvieron que emplearse para rechazar los intentos de asalto.
Con la claudicación de España por obra y desgracia de un rey traidor y una cúpula militar que no supo estar a la altura de las circunstancias, se firmaron en enero de 1976 los Acuerdos de Madrid por los que se dejaba la gestión del Sáhara a una administración hispano-marroquí-mauritana que, por cierto, nunca fue reconocida por la ONU.
Estos acuerdos incorporaban un anexo secreto por el que Marruecos se hacía con los derechos de explotación del 65% de los fosfatos a cambio de la concesión de licencias de pesca para 800 barcos españoles durante 20 años. Lo que ha sido incumplido por Marruecos de forma sistemática sin que EEUU se haya tomado la molestia de apercibir por ello, como testigo del proceso, a su protegido y socio geoestratégico. La debilidad persistente de los ejecutivos españoles que han gobernado desde la instauración del nuevo régimen del 78 no han querido desvelar este fraude inconmensurable. Lo que constituye una prueba humillante de claudicación y vasallaje insufrible para el resto de los españoles.

Por si esta humillación no hubiera sido suficiente, siendo F. González presidente del gobierno de España, se produjo una ampliación de capital en la empresa que explotaba los derechos de la mina de fosfatos de Bou Craa, sin que el INI, que es quien ostentaba las participaciones en representación de España, acudiera a la misma por orden de la presidencia del gobierno. Tras ello, la participación española se diluyó hasta el 15%, cantidad que posteriormente fue regalada por Aznar a Marruecos sin contraprestación alguna en beneficio de España, que se haya podido constatar.
Del resultado de esta última decisión poco se sabe. Los distintos gobiernos de PP y PSOE se han cubierto las espaldas y lo realmente ocurrido permanece en el más profundo secreto de estado. Sí se conoce, en cambio, que poco después de que se diluyera la participación del INI, F. González se hizo con la propiedad de un terreno frente al mar a la siguió la construcción de una mansión (un verdadero palacio) que vendería poco después de que el escándalo saltara a los medios, al príncipe de Arabia Saudí.
De las prebendas que obtuvo Aznar por el regalo no se ha logrado saber nada en concreto pero, a la vista de los acontecimientos, parece obvio que si no él personalmente, algún miembro del Partido Popular, como presunto testaferro o a título personal, pudo haber conseguido favores de la misma índole a los que obtuvo el, por aquel entonces, líder del PSOE. Esa es la esencia de la casta política que gobierna España desde el fatídico 1978.

La estrategia de usurpación de los territorios españoles, aprovechando la debilidad política y diplomática de España, había dado sus frutos. Esta situación, ciertamente interina y en cierto modo precaria, aunque parcialmente consolidada por la fuerza de los hechos, había que afianzarla. Lo que ha llevado a la oligarquía marroquí a realizar otra arriesgada apuesta, si bien, ya avalada tras bambalinas por EEUU: “Autonomía del Sáhara pero bajo soberanía marroquí”. En esencia la trasmutación de lo que ya se votó en 1966, y que vinculaba el territorio usurpado como una provincia española.
En definitiva, desde el estricto Derecho Internacional, las objeciones jurídicas que invalidaron el intento español en los años 60, siguen siendo sostenidas hoy por la Unión Africana, Argelia y el Frente Polisario. Sin embargo, la balanza diplomática occidental, liderada por EEUU, por obvios intereses geoestratégicos, ha migrado del cumplimiento doctrinal de la descolonización a la consolidación de un orden geopolítico pragmático en el norte de África.
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