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ISAAC PERAL, UN HOMBRE EXCEPCIONAL EN UNA ESPAÑA DECADENTE (Parte V) (MIV 15/08/2025)

escrito por Manuel Jesús Iglesias

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La trama político militar al servicio de la masonería

La trama político-militar al servicio de la masonería angloamericana consigue que se cancele el proyecto de dotar a España de submarinos y la licencia voluntaria de Isaac Peral de la Marina.

ISAAC PERAL, UN HOMBRE EXCEPCIONAL EN UNA ESPAÑA DECADENTE

En septiembre de 1890, el proyecto del submarino fue definitivamente «hundido» en los despachos gubernamentales, y su inventor, transformado en el más denostado de los villanos y tratado por la prensa al servicio del poder de delincuente y estafador. Como en tantas otras ocasiones, se había puesto en marcha una campaña de desinformación y denostación manipulativa para facilitar la prevaricación gubernativa más abyecta. La manipulación gubernamental había cruzado ya las fronteras de España, aunque algunos medios se resistieron a la alevosa ceremonia de la tergiversación.

Silenciando las demoledores conclusiones de la Junta Técnica, favorable al submarino, se recrudece la campaña contra Peral, la cual, ahora ya sin disimulos, deriva hacia la provocación y las calumnias más infames, ocultándose tras los anónimos. Como si obedeciesen a una consigna, toda la prensa de cobertura nacional y la mayor parte de la de las provincias se hicieron eco de filtraciones interesadas del Gobierno caracterizadas por el marchamo de la falsificación. No parece que el formato diste demasiado de lo que sucede casi un siglo y medio más tarde: el régimen liberal siempre está al servicio del dinero y, por tanto, del criptopoder financiero. La campaña difamatoria se aderezaba con interpretaciones malintencionadas de cualquier palabra o gesto del inventor tergiversándolos y retorciéndolos hasta límites inauditos, cuando no se procedía a utilizar descalificaciones más gruesas.

ISAAC PERAL, UN HOMBRE EXCEPCIONAL EN UNA ESPAÑA DECADENTE
El día que la envidia evitó que España tuviera un submarino de vanguardia

El submarino, un problema para sus detractores y la intoxicación el gobierno

Para tratar de resolver de modo torticero el espinoso problema del submarino, Beránger designa un Consejo Supremo de Guerra y Marina a su medida, formado por próceres de su entera confianza, en su mayor parte, miembros de la masonería.

Sacudiéndose la responsabilidad de encima, Beránger encarga al nuevo ente la misión de examinar el asunto y de hacerle el trabajo sucio al Gobierno. El Consejo lo formaban un almirante, tres vicealmirantes, tres contraalmirantes, cuatro capitanes de navío, uno de fragata, un mariscal de campo de artillería, un intendente general, un inspector de ingenieros y un asesor.

Los nombres del plantel de presuntos «expertos» eran todos muy próximos a Beránger: los exministros Rafael Rodríguez Arias y Juan Romero Moreno, miembros del Consejo de Estado como Guillermo Chacón , masones reconocidos como Pelayo Alcalá Galiano y Luis Martínez de Arce, el espía al servicio de los Estados Unidos, Emilio Ruiz del Árbol. Del resto de los vocales poco hay que decir, salvo que ninguno de ellos tenía formación específica en temas científicos.

Por imposición expresa de Beránger, y con objeto de facilitar el manejo y conducción de las deliberaciones, en definitiva, de manipular su decisión, las reuniones comenzaban a partir de las nueve de la noche, esto es, con las facultades intelectuales ciertamente mermadas tras su jornada de trabajo, lo que al menos debía de tener trascendencia para una parte de los consejeros, que por razón de su edad eran ya ancianos y muy achacosos; tal es el caso del almirante Chacón y del exministro Rodríguez Arias.

ISAAC PERAL, UN HOMBRE EXCEPCIONAL EN UNA ESPAÑA DECADENTE
Isaac Peral, el visionario inorado

Resulta llamativo que el 25 de septiembre, sin esperar a las conclusiones de las deliberaciones del Consejo, el capitán general Montojo procede a ordenar el desguace del submarino, lo que viene a confirmar que la resolución del Gobierno ya estaba tomada y que todo el paripé formaba parte de una coartada para intentar eludir la responsabilidad de su nefasta decisión. A esto se suma que, durante la semana del 22 al 28 de septiembre de 1890, la campaña de intoxicación promovida por el Gobierno no paró, escenificando las conclusiones del Consejo con un informe más orientado a descalificar la faceta de Peral como inventor que a juzgar técnicamente su obra. La Vanguardia se sumó a la ceremonia de la confusión publicando artículos falaces y hagiográficos firmados por empleados de compañías subcontratadas por el Gobierno.

El 4 de noviembre, Beránger trasladó al Consejo de Ministros, que lo ratificó en su totalidad, el informe del Consejo Supremo de Guerra y Marina, que, tras la prueba material requerida por el inventor, PRESENTABA ADULTERACIONES Y ENMIENDAS respecto del original. El informe del Consejo terminaría proponiendo al inventor la realización de un nuevo proyecto, aunque sin concretar sus características, pero arrebatándole el control y la dirección de su construcción. Según manifestó el propio inventor, esto venía a confirmar que, en esencia, la propuesta constituía un trampantojo, pues el Gobierno ya había decidido no continuar con el proyecto.

Nuevo proyecto para retrasar el submarino, confabulación masónica

¿Por qué se le solicitaba una nueva memoria, nuevos planos y, en definitiva, un nuevo proyecto mejorado del submarino? Peral lo sabía a la perfección. En su correspondencia particular quedan claros estos extremos. Baste recordar la confabulación entre Beránger y Zaharoff (masones ambos) para que este último, agente británico y socio de las mayores empresas armamentísticas, pudiera acceder a la memoria del proyecto declarado secreto, cuando Beránger ocupaba el Ministerio de Marina, en 1885.

A la vista de la iniquidad del Consejo Supremo de Guerra y Marina con la publicación de su informe en contra del proyecto del submarino, Peral redacta un «Manifiesto» en el que detalla las manipulaciones, falacias, tergiversaciones y contradicciones, así como la omisión deliberada de la información que no convenía a sus intereses, y, lo que es peor, las falsificaciones. En él consideraba haber cumplido sobradamente con sus deberes, contribuido con todas sus energías y facultades, en detrimento incluso de su propia salud, su tranquilidad y la de su propia familia, de su hacienda y sus ilusiones, sacrificado incluso su carrera profesional y puesto en riesgo el porvenir de sus hijos, para cumplir con todos y cada uno de los compromisos que implicaba el desarrollo del proyecto del submarino. Termina invitando a todos los españoles a reflexionar sobre la verdad de los hechos, y sobre la iniquidad y las mentiras del Consejo y del propio Gobierno.

Pese a que Isaac Peral intentó por todos los medios difundir su escrito entre la ciudadanía, el Gobierno consiguió que ningún periódico provincial o nacional, ni siquiera los que en un principio le habían apoyado, se hicieran eco del «Manifiesto», que hubo de publicar finalmente en un diario de poca monta, El Matute, el 21 de febrero de 1891 , y tuvo que pagárselo él mismo de su propio pecunio. La estrategia al ocultamiento, censura y condena al ostracismo, hoy conocida como « de la cancelación», manido recurso utilizado sin pudor por la corrupción política, volvió a imponerse como prueba irrefutable de la decadencia en la que se habían sumido las élites dirigentes de la nación desde que los Borbones accedieran al trono de España.

ISAAC PERAL, UN HOMBRE EXCEPCIONAL EN UNA ESPAÑA DECADENTE
María Cristina de Habsburgo-Lorena Reina Regente en la época

Trabajo sucio, descrédito e incluso traición

A lo largo del relato que describe las vicisitudes del proyecto del submarino Peral, se han ido aportando evidencias de la labor destructiva y traidora de la masonería. Aunque el Gran Oriente Español parece concentrar la colección de traidores por antonomasia, otras logias de menor entidad, como la Gran Logia Simbólica Española, contribuyeron a completar las labores de desprestigio del inventor español. Tres fueron los frentes sobre los que actuaron las logias:

  • Ejecución de «trabajo sucio»: descrédito, acoso y sabotajes.

En su ejecución aparecen personajes de relevancia político, como Castelar (conocido como Hermano Dalton en la logia), Sagasta (Hermano Paz), Beránger, Concas o Ruiz del Árbol, entre otros muchos.

  • Difusión y propalación de bulos que tienden a asociar a Peral con las logias.

Con ello fomentaban la apropiación impune de su figura mediante inscripciones no consentidas en publicaciones de carácter folletinesco que procuraban sacarle partido propio a los éxitos cosechados por el submarino en las distintas pruebas a que fue sometido y promovía el distanciamiento de la reina regente hacia el inventor en un intento de bloquear cualquier apoyo al desarrollo del proyecto.

  • Intento de aprovechamiento de la memoria póstuma del inventor.

Mediante la inclusión de su nombre en libros como Masonería española. Páginas de su historia (su autor, Miguel Morayta, fue masón de grado 33 a partir de 1915).

La razón de la impostura parece derivar del interés de los dirigentes de la logia por encubrir la responsabilidad en el complot contra Isaac Peral y su proyecto. Se intentaba ocultar de esta manera la acción criminal de la masonería contra los intereses de España. Sin embargo, los valores de Peral (honor, abnegación, espíritu de sacrificio y amor a la patria) nada tienen que ver con las credenciales masónicas: individualismo, elitismo, hedonismo, aspiraciones oligárquicas, afinidad al corporativismo anglosajón y aversión a la historia de España.

APÉNDICE: Recompensa a los traidores

A la par que el inventor se veía obligado a reiniciar su vida, el Gobierno recompensaba generosamente a todos aquellos que habían contribuido, de una u otra manera, a realizar el «trabajo sucio» con el que poder justificar la cancelación del proyecto del submarino. Es difícil creer que todos ellos desarrollaran magníficas trayectorias profesionales en la Armada por méritos exclusivamente personales, con envidiables destinos, ascensos, obtención de condecoraciones y máximas distinciones. Más bien parece que tales dádivas obedecen a la necesidad de recompensar servicios prestados.

No nos debe extrañar si nos percatamos de lo ocurrido con los atentados del 11M (de 2004) en Madrid: desaparición y manipulación de pruebas, ocultamiento de datos, testificaciones fraudulentas, obstrucción a la justicia, paripés judiciales y sentencias incalificables, que se ensañaron de manera abusiva contra varios de los procesados, si no contra todos.

Sin querer entrar en demasiados detalles, en relación con las diversas condecoraciones y distinciones de los traidores a la patria, cabe destacar que Víctor Concas, tras su ascenso a vicealmirante, llegaría a ser nombrado ministro de Marina en dos periodos diferentes, con gabinetes presididos por Segismundo Moret. Fue designado senador vitalicio y miembro del Consejo de Estado.

A Florencio Montojo el propio Cánovas le nombraría ministro de Marina en 1891, y después volvió a su antiguo puesto de capitán general unos meses más tarde.

Segismundo Bermejo fue nombrado ministro de Marina por Sagasta; sin embargo, cuando se enteró de la traición del ejecutivo en favor de los Estados Unidos en la guerra de 1898, traición consistente en que se promovió, si no se obligó, la destrucción de la flota y la rendición injustificada, aun hallándose en posición ventajosa, del Ejército de Tierra, Bermejo entró en una fuerte depresión de la que nunca se recuperaría.

Francisco Chacón y Pery siguió en activo proporcionando favores a Zaharoff y a su filial de la empresa de armamento Vickers hasta 1919, año en que, como jefe del Estado Mayor de la Jurisdicción de la Marina en la corte, pasó a la reserva.

Guillermo Chacón (tío del anterior) fue promovido de forma inmediata a almirante en 1891, tras haberse emitido el dictamen sobre el submarino, y a capitán general ese mismo año. Pocos años más tarde se le condecoró con el Toisón de Oro.

Luis Martínez de Arce ascendió a general en 1891, y Beránger le nombró director de establecimientos científicos, con lo que quedaron a su cargo tanto el Observatorio Astronómico como la Academia de Ampliación.

A Emilio Ruiz del Árbol se le recompensó con la Orden de Carlos III. No parece que el ejercicio de su cargo fuera merecedor de tal distinción, a menos que se le concediera por las manipulaciones que se realizaron del informe del Consejo. Pasó a ser diputado del Congreso por el partido de Cánovas. Siempre vendido a los intereses anglosajones, fue declarado desertor tras la declaración de guerra de los Estados Unidos. Consiguió deambular por los Estados Unidos con el salvoconducto que le entregó la INO (Oficina Naval de Inteligencia) de los Estados Unidos por los servicios prestados. Logró salir bien parado del Consejo de Guerra y la documentación del mismo ha desaparecido.

Conclusiones

Para concluir este alegato en favor de Isaac Peral, falta indicar lo que ocurrió con Beránger, mano derecha de Zaharoff y prócer masónico por excelencia junto a Sagasta, máximo responsable de la derrota del 98 frente a los Estados Unidos. Es el personaje que mejor encarnara la insidia, la traición y la enemistad enfermiza hacia Peral y su proyecto. Animal político más que marino, supo aferrarse al poder en beneficio de intereses inconfesables afrontando un gran número de escándalos, presentados a la opinión pública por varios de los diarios de la época. Alternó con Florencio Montojo en el cargo de ministro de Marina hasta la muerte de Cánovas. Además de senador vitalicio, se hizo nombrar presidente vitalicio del Consejo Consultivo de la Armada para continuar practicando el tráfico de influencias y la corrupción institucional al servicio de la masonería. En 1903 ascendió al grado de capitán general y alcanzó finalmente la membrecía del Consejo de Estado.

ISAAC PERAL, UN HOMBRE EXCEPCIONAL EN UNA ESPAÑA DECADENTE
El submarino que pudo haber derrotado a EEUU y cambiado la historia del mundo

La profunda degradación de las instituciones afectó a todo el periodo de la Restauración. La Alta Traición a España parece no causar ningún efecto cuando se disfruta de los sólidos apoyos de la masonería. El sentimiento de impunidad que rige el comportamiento de un gran número de políticos, incluso en la historia reciente, como Felipe González, José María Aznar, Mariano Rajoy, José Luis Rodríguez Zapatero o Pedro Sánchez, a pesar del daño causado a la nación con políticas nefastas al servicio de intereses supranacionales, por no hablar de un excelso número de jefes policiales, de la Guardia Civil, fiscales o magistrados, hace presagiar el advenimiento de un Estado fallido, en el que el indulto y la amnistía estarán siempre al alcance de la mano de la indecencia, la corrupción y el saqueo de los recursos públicos.

El Consejo de Estado pasó a ser un vertedero de traidores a los intereses nacionales y ha recuperado la misma pauta desde que se instauró el fatídico régimen del 78. No hay más que apreciar la abyección de sus miembros y recapacitar en la prostitución de los galardones de los que se les ha hecho entrega a algunos de ellos por causas e intereses inconfesables de la partidocracia que acapara el poder del Estado

Resulta triste concluir que el ejemplo pernicioso del deficiente funcionamiento de la clase política unido a la degeneración del funcionamiento de las instituciones constituyen los mimbres idóneos para inducir la descomposición nacional, cosa que ocurrirá más pronto que tarde si no se produce un cambio de rumbo.

El régimen liberal

a España le sienta mal:

democracia homologada

tras el fraude, disfrazada

con corruptos y traidores

de la nación destructores.


Fuente: Javier Sanmateo Isaac-Peral, El submarino Peral. De la gloria a la traición, 2.ª edición, Mandala Ediciones, Madrid, 2019 .

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