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ISAAC PERAL, UN HOMBRE EXCEPCIONAL EN UNA ESPAÑA DECADENTE (Parte IV) (MIV 28/07/2025)

Escrito por Manuel Jesús Iglesias

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La trama político-militar al servicio de la masonería angloamericana opera impunemente contra los intereses de España.

Continúan los retrasos tras las pruebas oficiales

Hasta el 2 de septiembre de 1890, mes y medio después de haber finalizado las pruebas oficiales, la Junta Técnica no emite un informe definitivo. Resulta en extremo sospechoso que su misión fuera posterior al dictamen de Concas como fiscal del expediente de concesión de la Laureada de San Fernando ―solicitada por el inventor para todos los miembros de la tripulación―, dictamen cuya confección y conclusiones rezumaban sesgo y defecto de forma, falta de ecuanimidad y animosidad, según el fiscal togado del Consejo Supremo de Guerra y Marina, que consideró inválido en el fondo y la forma todo el proceso. El dictamen, además de haber sido emitido fuera de plazo, resultaba un verdadero despropósito, carecía de rigor y era una obscena propaganda descalificatoria contra Peral. No parece que la misión encomendada a Concas fuera la de realizar juicios de valor utilizando calificativos improcedentes. Asimismo, se expresa sobre algo que no se corresponde con el objeto del procedimiento del que era fiscal. Es pura insidia culpar a Peral de errores de ejecución en la construcción del submarino, por ejemplo, a sabiendas de que su dedicación a tales menesteres fue a tiempo parcial, una vez terminadas sus ocupaciones principales como profesor de la Academia. Debido a su puesto de secretario y mano derecha de Montojo, Concas sabía con certeza que en el Arsenal se había construido un único barco, y con gran número de defectos. Realiza, en definitiva, una labor de zapa al dictado de Zaharoff y de la logia para ir allanando el terreno hacia el informe contra el proyecto de construcción y dotación de submarinos, proyecto que tanto interesaba a la industria armamentística angloamericana hacer descarrilar. Concas se convierte de esta forma en acusador, llevado por intereses ajenos y sentimientos perversos hacia el inventor, en lugar de ejercer como fiscal objetivo e imparcial. La capacidad para modificar o alterar la realidad de lo sucedido, tergiversar las palabras de los testigos, manipular la información para acomodarla a intereses ocultos y evitar la exposición o el esclarecimiento de lo que no interesaba llega a extremos inauditos, y todo el documento se convierte en una diatriba panfletaria, muy lejos de la ecuanimidad que se hubiera requerido.

La fiscalía, más palos en las ruedas

Por otra parte, fue lamentable el trato que el fiscal dispensó a los oficiales que se presentaron voluntarios para una misión «especial», encargada por el Gobierno, de la que habrían podido inferirse grandes beneficios para España, pues dichos oficiales voluntarios vieron atónitos que, no solo se les negó la condecoración que había solicitado su comandante, sino que se les imputó pena de presidio por cumplir con su cometido lo mejor que pudieron. Ante todo este despropósito, cabe preguntarse si no fue que al fiscal Concas se le fue bastante la mano buscando la aprobación y el agrado de los que le habían encargado el trabajo sucio. ¿A qué se debió el desmedido interés que mostró, cuando era secretario de la Comisión de Marina en Londres, para que Peral aceptara entrevistarse y recibir las proposiciones de Zaharoff y Nordenfelt? A la vista de los hechos, hemos de concluir que Concas representó un papel trascendental en todo el proceso de destrucción del proyecto del submarino proveyendo al ministro Beránger de la artillería necesaria, aunque fuera falaz y manipulada.

Con su informe, la Junta Técnica certifica pública y colegiadamente que el submarino realizó pruebas nunca antes efectuadas por buque alguno en la historia. Su dictamen, con plena fuerza probatoria de la existencia del invento, tiene todo el respaldo técnico-científico al haber sido suscrito por todos los integrantes de la Junta, salvo Chacón, y contar, entre sus miembros firmantes, con ingenieros y torpedistas que pertenecían a las principales disciplinas que constituían las que entendían en la materia, así como con personalidades de reconocido prestigio científico y profesional dentro y fuera de España.

Interior del submarino de isaac peral

La Junta consideró que estaban resueltos los problemas más importantes de la navegación submarina y estimó que se disponía de los conocimientos científicos necesarios para tener plena confianza de que en un futuro, una vez solucionados los problemas de construcción del prototipo, se alcanzaría a construir el submarino que actuaría como arma eficaz en la defensa de nuestras costas.

Resulta llamativo que los tres vocales discrepantes, José María de las Heras, Segismundo Bermejo y Francisco Chacón, tras reconocer no disponer de los conocimientos suficientes para valorar los aspectos técnicos del submarino y admitir la existencia de otros miembros de la Junta con mayor formación científica, tuvieran la osadía de dar a conocer sus opiniones sin esperar a confrontar sus percepciones con sus compañeros, más doctos, para alcanzar una postura colegiada dentro del informe de valoración de la Junta. Habida cuenta de las relaciones que existían entre estos tres vocales y otros con el mismo propósito, como Víctor Concas, Luis Martínez de Arce, Emilio Ruiz del Árbol, Montojo y el propio ministro José María Beránger, tendrá que asumirse que todos ellos conformaban una trama destinada a perjudicar los intereses de España.

España contra España, lo que siempre nos persigue

Leídos los distintos apartados del informe de la Junta y los correspondientes de Concas y Chacón, así como los del resto de vocales disidentes, cabe preguntarse si se referían al mismo submarino y a las mismas pruebas y, por tanto, se ha de concluir que, siendo objetivamente ciertas las aseveraciones contenidas en el informe de la Junta, las otras no podían ser otra cosa que interpretaciones tendenciosas y malintencionadas. Si el informe de la Junta no pudo ser desmentido, sino que fue ocultado e ignorado, es fácil concluir que tales hechos supusieron, bien a nuestro pesar, una nueva violación de la Real Orden de 19 de diciembre de 1888 y las restantes disposiciones que la enmendaron.

Las apreciaciones de los vocales discrepantes y el voto particular de Chacón, a pesar de su falta de seriedad, rigor y consistencia, sirvieron de coartada en instancias superiores como soporte y respaldo pseudocientífico a la resolución que el Gobierno tenía ya adoptada de antemano. Da la sensación de que los disidentes se habían copiado unos a otros o habían escrito al dictado, porque sus comunicados repiten párrafos enteros. Esto no debe extrañar en absoluto, pues varios de ellos, si no todos, además de compartir destino en la misma unidad y escribir en la misma revista, pertenecían a la masonería o estaban en la misma trama conspiratoria.

El capitán general Montojo remitió toda la documentación aportada por la Junta al ministro de Marina, tanto el informe como los votos particulares y las apreciaciones individuales de los vocales, incluido su propio juicio personal sobre el submarino, que resulta más perjudicial que el expresado por la Junta. Montojo utiliza el procedimiento habitual de los enemigos de Peral, pone en duda los logros del submarino Peral haciendo coro con los que tratan de desprestigiar y confundir a la opinión pública en la valoración del trabajo del inventor. Sus declaraciones, improcedentes y poco fundadas, se instalan en la corriente marcada por instancias superiores. Se introducen así todo tipo de recelos e incertidumbres acerca del proyecto del submarino, similares, dicho sea de paso, a las del voto particular de Chacón y a las del informe del fiscal Concas.

Sin comunicados oficiales a la prensa, todo filtraciones

En contra de lo que pudiera parecer, el informe técnico de la Junta nunca se suministró a la prensa. En su lugar, se filtraron las opiniones de los vocales discrepantes, con lo que se hizo creer que estas formaban parte del informe. Por calculada mala fe, las apreciaciones de los vocales contrarios al proyecto ―en especial, las del que años más tarde sería ministro de Marina: Chacón― fueron las que se filtraron a la prensa, como si se tratara del informe de la Junta. La faena se remató con la filtración a la prensa de un anónimo de un tal A. S. que se hacía pasar por miembro de la tripulación y básicamente reproducía el informe fiscal de Concas como si fuese fidedigno, es decir, digno de credibilidad. Por consiguiente, mientras el público conocía por la prensa opiniones tendenciosas, se ocultaba el informe de la Junta. Una lectura íntegra del mismo habría permitido a todos aquellos que negaban la utilidad del submarino alcanzar una visión general, objetiva y exenta de apasionamiento, a la vez que habría obligado a una mayor prudencia en los juicios gratuitos y relativizado los prejuicios y recelos hacia las innovaciones técnicas.

Ya el 22 de noviembre de 1888, unos meses después de la botadura del submarino, se publicó en La Época un artículo que firmaba Henry C. Burt , exsecretario de la Legación de los Estados Unidos en Madrid. El artículo, reproducido por muchos diarios en España, contribuía a la tergiversación sobre el proyecto del submarino. Llama la atención la cantidad de información que tenía sobre el programa de pruebas cuando todavía no había sido aprobado por el ministerio. Pide que se cercene sustancialmente y que se cancele el cruce del Estrecho, cosa que consigue poco después. Dos años más tarde, en septiembre de 1890, La Época comienza una campaña de desinformación con la publicación de artículos falsos ―escritos, según La Vanguardia por el propio Cánovas―, destinados a predisponer a los lectores en contra del submarino. Se insertan incluso telegramas con presuntas conclusiones de la Junta que, siendo falsas, cumplirán el propósito de intoxicar la opinión pública para que aceptase el desafuero que el Gobierno de Cánovas ya tenía preparado. Y con ello se satisfizo un conglomerado de intereses ocultos.

¿Por qué mintieron tanto los vocales como el fiscal? La respuesta resulta obvia, por más que sea triste. La trama bien sabía lo que hacía. Se les había encomendado la misión de engañar a la opinión pública, empezando por la propia Corporación, con el objetivo de sabotear y hacer descarrilar el proyecto del submarino español. No faltan indicios con los que podemos asegurar que actuaron bajo una dirección concreta y que lo hacían en beneficio de quien les daba las órdenes, que pertenecía a la «fraternidad» de la que eran miembros muchos de ellos, tal vez todos. Se había decidido impedir que España tuviera una flota de submarinos.

Cuando un gran invento “no conviene” y la disidencia actúa

Contrasta la total ausencia de rigor ―cuando se eximía de responsabilidades por la construcción, integración de armamento, puesta en servicio y vida operacional de distintos buques de la Armada que, producidos en astilleros ingleses y franceses, representaron ingentes sobrecostes por retrasos, averías e incluso hundimientos asociados a un diseño deficiente, como fue el caso del crucero Reina Regente, el Destructor, el acorazado Pelayo o el torpedero La Habana― con el trato, en extremo exigente, discriminatorio e injustificado, dispensado a Peral y a su submarino, con el añadido de que este, además, solo era un prototipo.

En la publicación de la Revista General de Marina de un miembro de la Junta, Luis Pérez de Vargas, con motivo del fallecimiento del inventor, en 1895, además de consideraciones positivas sobre el submarino y la declaración del éxito sin parangón asociado a las pruebas llevadas a cabo, se afirma que el Almirantazgo había declarado recientemente en el Parlamento británico que se había hecho por su parte «todo lo necesario para que no fuese adelantada esta innovación ―en referencia a la disponibilidad del submarino como arma naval― por las demás naciones marítimas». Por lo que parece, solo en España, los ingleses tuvieron éxito en sus gestiones. Está claro que para conseguirlo debieron de contar con la colaboración voluntaria, acaso interesada, de algunos mandatarios españoles a sueldo. Mientras tanto, en los Estados Unidos, en Francia y, en menor medida, en Italia, siguieron con ensayos submarinos, por lo que la única explicación lógica de la conclusión final que adoptó el Gobierno de Cánovas solo podía ser que dicha conclusión estuviera supeditada a la profunda corrupción latente en las instituciones.

Del encuentro casual que Emilia Pardo Bazán tuvo con Peral en el balneario de Mondariz, de su conversación con el inventor y de su capacidad de análisis y sentido crítico, en relación con la situación política por la que atravesaba España en esos años (en torno a 1890), se advierte un dictamen sereno y objetivo. A pesar de su autoproclamada carencia de conocimientos en materia científica, bien fuera por intuición o porque bastara, como en su caso, el simple sentido común, Pardo Bazán extrajo conclusiones muy claras y realizó un diagnóstico certero de la situación en aquellos momentos; sabiamente determinó que solo por un complot podría explicarse que el Gobierno adoptara una decisión lesiva y contraria a los intereses de la nación y de la propia persona del inventor. Solo en un aspecto se equivocó: en que el Gobierno no se atrevería a prevaricar adoptando una decisión contraria al dictamen de la Junta y contraria también a lo que, según la escritora y periodista, era el sentir mayoritario de la opinión pública.

Hoy, con más de 125 años de perspectiva, observamos lo podrido que puede llegar a estar un régimen liberal que deviene en manos de la partitocracia mafiosa al servicio de intereses supranacionales en el que el servilismo impune afianza la ignominia en la concesión obscena del «galardón», promoviendo el nepotismo, el demérito y el sectarismo en contra de la objetividad, la ética y de la eutaxia de la propia nación. Salvando las distancias, volvemos a apreciar en el acontecer del año 2025, en otro contexto, los mismos síntomas de degeneración y servilismo de la clase política española a intereses foráneos. Políticos indecentes engañan y manipulan sin pudor la opinión pública a través de los medios de comunicación, que controlan con dádivas y subvenciones adscritas a una deuda impagable. Una ciudadanía inerme, a la que se ha extirpado la dignidad y el sentido crítico mediante el adoctrinamiento y una legislación educativa precaria y perversa, resulta terreno abonado para lograr la expropiación definitiva de la soberanía nacional. Fuente: Javier Sanmateo Isaac-Peral, El submarino Peral. De la gloria a la traición, 2.ª edición, Mandala Ediciones, Madrid, 2019

Próximamente la quinta y última parte de este gran dossier. No te lo pierdas

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